En 1982, Sylvester Stallone protagonizó Rocky III, una nueva entrega de aquella saga que estaba conquistado los corazones de millones de espectadores en todo el mundo. Rocky Balboa ya no era aquel humilde boxeador de Filadelfia que soñaba con tener una oportunidad para demostrar su valía. Ahora era campeón del mundo, admirado por todos y convertido en un auténtico ídolo de masas. Pero la vida, como el deporte, siempre reserva nuevos desafíos incluso para quienes parecen haber alcanzado la cima.
Cuarenta y cuatro años después, el Barça de Hansi Flick parece estar protagonizando su propia versión de la película de Rocky Balboa.
Y no precisamente porque haya encajado dos derrotas consecutivas, sino porque este equipo reúne muchas de las virtudes que convirtieron al personaje de Stallone en uno de los grandes héroes de la historia del cine: valentía, determinación, espíritu de sacrificio y una fe inquebrantable en su manera de afrontar cada desafío.
El Barça, con Flick, ha recuperado algo que va mucho más allá de los resultados. Ha recuperado su identidad, su personalidad y, sobre todo, esa capacidad para emocionar tanto a sus aficionados como a los rivales y que distingue a los equipos verdaderamente especiales.
El conjunto de Flick no sale al verde a especular. Ya no es un equipo acomplejado ni se siente inferior a nadie. Juega para ganar, atacar sin miramientos e intenta imponer su fútbol independientemente del rival que tenga enfrente. Es un equipo atrevido, descarado y profundamente convencido de sus posibilidades.
Y como Rocky Balboa, no se esconde cuando suena la campana.
El extraordinario inicio de temporada, con nueve victorias consecutivas en Liga, no fue fruto de la casualidad. Fue la consecuencia de un proyecto futbolístico que ha conseguido reunir juventud, talento, ambición y una propuesta de juego que enamora al mundo entero. Un Barça que ha vuelto a hacer del fútbol ofensivo su principal seña de identidad y que ha demostrado que se puede competir al máximo nivel sin renunciar al espectáculo.
Porque hay muchas maneras de ganar, pero pocas resultan tan atractivas como la que proponen Lamine Yamal, Pedri o Raphinha.
Lamine Yamal representa la imaginación y el talento natural. Pedri aporta esa inteligencia futbolística que permite convertir lo complicado en sencillo. Raphinha simboliza el esfuerzo, la entrega y la ambición permanente. Y alrededor de ellos aparece un grupo de futbolistas que ha conseguido transformar el entusiasmo en una virtud colectiva.
Todos ellos dirigidos por un Hansi Flick que ha devuelto a la culerada la convicción de que su equipo puede mirar a cualquier adversario a los ojos.
Por eso, las derrotas frente al PSG y el Real Madrid no deberían modificar sustancialmente la percepción de este Barça. Sería injusto que dos resultados adversos eclipsaran todo lo bueno que ha demostrado un Barça que continúa liderando la Liga y que ha convertido cada partido en una declaración de intenciones.
En Rocky III, el protagonista pierde un combate ante Clubber Lang (Mr. T), pero aquella derrota no destruye al campeón. Al contrario, abre un nuevo capítulo en su historia. Rocky descubre que todavía tiene mucho que ofrecer y que los grandes campeones también se construyen a través de las dificultades.
Es precisamente esa capacidad para afrontar los momentos complicados la que puede terminar definiendo al Barça de Flick.
Porque este equipo tiene algo que no se aprende en ninguna pizarra: carácter.
Lo demuestra cuando adelanta sus líneas, cuando persigue al rival hasta recuperar el balón, cuando continúa buscando la portería contraria incluso después de haber marcado varios goles. Lo demuestra, sobre todo, cuando permanece fiel a una idea de fútbol que no entiende de miedos.
Por supuesto que hay aspectos que mejorar. Los tienen todos los equipos, incluso aquellos que terminaron haciendo historia. Pero esas correcciones deben servir para perfeccionar una propuesta extraordinariamente atractiva, nunca para abandonar aquello que la hace especial.
El Barça no necesita dejar de ser el Barça para convertirse en campeón.
Y ahí reside una diferencia fundamental. Mientras otros equipos construyen buena parte de sus éxitos esperando el error del adversario (El Real Madrid y sus contraataques son un claro ejemplo de ello) el conjunto blaugrana busca provocarlo a través de su propia iniciativa. Quieren el balón, quieren dominar y quieren decidir el destino de los partidos por la vía rápida.
Es una filosofía que forma parte de la historia del club y que Flick ha sabido recuperar con una energía contagiosa.
Los grandes equipos no son aquellos que jamás pierden. Son los que consiguen que sus aficionados crean en ellos incluso después de una derrota. Los que transmiten la sensación de que siempre existe una oportunidad más, una jugada extraordinaria esperando aparecer o una noche inolvidable a punto de escribirse.
Y este Barça tiene esa capacidad.
Todavía queda mucha temporada por delante. Llegarán nuevos desafíos, noches de Champions, partidos decisivos y rivales dispuestos a discutir su superioridad. Pero los de la Ciudad Condal disponen de argumentos futbolísticos y emocionales suficientes para seguir aspirando a todo.
En la película, Rocky Balboa termina demostrando que el verdadero valor de un campeón no reside únicamente en los títulos conquistados, sino en la pasión con la que defiende aquello en lo que cree.
Este Barça también cree profundamente en lo que hace.
Cree en el talento de sus jóvenes, en el fútbol ofensivo, en el esfuerzo colectivo y en una manera de entender este deporte que ha convertido al club en una referencia mundial.
Por eso, después de una semana complicada, no hay motivos para abandonar el entusiasmo. Al contrario, quizá haya llegado el momento de comprobar hasta dónde puede llegar un equipo que ya ha demostrado poseer muchas de las cualidades necesarias para escribir una historia memorable.
Porque Rocky Balboa nunca conquistó al público por ser invencible. Lo conquistó por su valentía, su corazón y su negativa a rendirse.
Exactamente las mismas virtudes que hacen tan especial a este Barça.
Y lo mejor de esta película es que todavía queda mucho metraje por delante.
